Quiero ser un delincuente

La ONG británica Statewatch ha denunciado que el Consejo de la Unión Europea prepara un documento en el que plantea criminalizar la ayuda a los refugiados, equiparándola en la práctica al tráfico de seres humanos, y considerando que aquellos que de una forma u otra consiguen un beneficio de la inmigración sean considerados delincuentes. Esta perspectiva dejaría en tierra de nadie a los cooperantes y las agencias no gubernamentales que se encuentran en los “puntos calientes” de las rutas migrantes de África y Oriente Próximo, ya que podrían ser considerados “facilitadores” de la inmigración ilegal por definición.

Parece ser que los gobiernos de la UE olvidan que Europa ha sido durante siglos un foco de migrantes, tanto interiores como hacia otras zonas del mundo, y está pensando más en hacer populismo electoralista, que a la larga atiza las brasas del fascismo, que en ocuparse de las verdaderas necesidades de las personas, en este caso de las que huyen de situaciones socioeconómicamente críticas que no permiten un desarrollo completo de la persona, y en la actualidad, con el caso de Siria muy presente, huyen de una muerte más que posible en un país que se está convirtiendo en el campo en el que las superpotencias (incluida la UE) juegan su particular partida de ajedrez simultánea con varios tableros.

Indudablemente, en el caso de que se criminalice la asistencia humanitaria a los migrantes que vienen a la UE, quiero que se me considere un delincuente. Porque pienso hacer apología de la asistencia al refugiado. Porque no voy a admitir que a nadie, por el mero hecho de buscar un futuro mejor para si y para su familia, sea orientado para que viva su propia miseria. Porque me parece hipócrita utilizar los “cupos” para vetar las posibilidades de progreso de ninguna persona. Porque la Historia nos muestra que las tierras de recepción de inmigrantes, legales o ilegales, son las que han conocido mayores periodos de prosperidad y riqueza en el medio y largo plazo. Porque mañana, tú, yo, nuestros hijos, nuestros nietos… pueden ser esas personas que huyen.

Ninguna persona debería ser privada de la posibilidad de buscar una vida mejor. No debería existir ese binomio terrible de “inmigración ilegal” porque la inmigración no es un asunto que atañe a la legalidad, sino a la moralidad. Cualquier persona, sometida a las presiones a las que se ve sometida una persona que migra, no emprendería ese viaje. Hay que considerar un valiente a quien lo realiza. Por eso, señores de la UE, les conmino a que me detengan a mí también. No quiero una Europa fortaleza, quiero una Europa refugio.

Autor: José Antonio Bravo Mateu

Observador inquieto. Comentarista irredento. Polemista. Me gusta que la gente se haga preguntas, debata, discuta, o lo que sea, con tal de que empiecen a preocuparse por lo que realmente influye en sus vidas y dejen de ser androides sociales para ser ciudadanos conscientes.

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