Ministerio de Hacienda: las gallinas que entran por las que salen

(Tenía dudas sobre dónde poner este post, pero finalmente he decidido que a pesar de su componente tributario, tiene un tinte de opinión que lo hacía más idoneo para publicarlo en el blog personal)

La próxima reforma fiscal (y van ya nosecuántas que no aciertan) tiene como una de sus “medidas estrella” bajar el tipo impositivo del Impuesto de Sociedades y eliminar las deducciones existentes en el mismo, así como pasar de los actuales seis tramos en la tarifa del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas a la situación precrisis de cuatro tramos en dicho impuesto. Ahora vamos a analizar cada una de estas medidas para ver, como diría un jurista, “qui prodest”, es decir, a qué tramo de población favorece esta medida.

El informe de expertos encargado por el Gobierno propuso una rebaja del tipo del Impuesto sobre Sociedades del 30% al 25% en una primera fase, para en una segunda fase bajar hasta el 20%. Este tipo sería aplicable para todos los sujetos pasivos del impuesto. Ojo a la cursiva porque tiene mucha importancia, ya que hasta ahora hay hasta tres graduaciones de sujetos pasivos en el Impuesto sobre Sociedades.

En primer lugar, el actual régimen de entidades de reducida dimensión, es decir, aquellas cuya importe neto de la cifra de negocios (ventas netas anuales) sea inferior a 10 millones de euros, aplica los siguientes tipos impositivos:

  • 25% para los primeros 300.000 euros de base imponible.
  • 30% para el resto de base imponible.

Así mismo, las microempresas (cifra de negocios anual inferior a 5 millones de euros inferior a 5 millones de euros y plantilla inferior a 25 trabajadores) rebajan en cinco puntos estos tipos impositivos, quedando como sigue:

  • 20% para los primeros 300.000 euros de base imponible.
  • 25% para el resto de base imponible.

De acuerdo con la Encuesta Industrial de Empresas de 2012, última publicada por el Instituto Nacional de Estadística, el 95,6% de las empresas industriales españolas tenían menos de 50 trabajadores, ocupaban al 43,8% del personal de este sector y suponían el 22,2% de la facturación total de la industria. Respecto al sector servicios, la Encuesta Anual de Servicios de 2011 observaba un 95% de empresas con menos de 10 trabajadores, de las cuales el 56% no tenían asalariados y el 39% no empleaban a más de 10 trabajadores, que ocupaban al 42% de los empleados del sector y suponían el 30% de la facturación del sector.

Por tanto, las cifras demuestran que los sectores secundario (industria) y terciario (servicios) están compuestos principalmente por empresas que se ven favorecidas por los regímenes fiscales de microempresas y de empresas de reducida dimensión, este segundo en menor cuantía, siendo empresas creadoras netas de empleo. La unificación del tipo impositivo del impuesto, por tanto, no favorece a las pequeñas y muy pequeñas empresas, sino que favorecerá a ese 5% de empresas que ya ganaban con las deducciones en el impuesto y que ahora ganarán con una rebaja de 5 y 10 puntos en el tipo.

La reducción de tramos en el IRPF consiste, básicamente en eliminar los dos tramos superiores que se implementaron al inicio de la crisis, es decir, los correspondientes a bases imponibles netas de 175.000 y 300.000 euros anuales, respectivamente, con lo que el tipo marginal máximo actuará a partir de los 120.000 euros de base imponible neta. De acuerdo con las estadísticas de la AEAT sobre el IRPF correspondientes a 2011, solamente el 0,38% de los contribuyentes tenían una base imponible superior a 150.000 euros. Por tanto, la reducción de tramos solamente favorecería al 0,38% de contribuyentes que de una forma u otra ya rebajaban su tarifa fiscal mediante reducciones y deducciones a las que tenían mayor acceso por su capacidad de gestión.

Una vez analizado el “qui prodest”, a quién beneficia, veamos quién paga la factura de estas rebajas, porque la base de toda rebaja tributaria es que la reducción de impuestos se compensa bien recortando gastos, bien aumentando los ingresos por otra vía. Este es el famoso aforismo de José Mota “Las gallinas que entran, por las que salen”. Así que el Gobierno, ni corto ni perezoso, y como la población ya anda caliente y vienen dos procesos electorales parece ser que ha decidido aumentar otros impuestos.

¿Cuáles serán esos impuestos que permitirán compensar la rebaja de recaudación? Pues en primer lugar el obligado aumento del IVA sanitario del 10% al 21% que nuestro Gobierno, de forma tramposa y pasándose toda la normativa europea por el Arco de Triunfo, ha estado malcobrando. Que sí, que está muy bien que nos hayan mantenido en la ilegalidad europea, como el padre que trabaja en un súper y camufla pequeños robos en su trabajo para alimentar a sus retoños (aunque este padre solo lo haya hecho por una cuestión de imagen). Pero en primer lugar, no cumplir una directiva es actuar al margen de la Ley y una invitación poco ética a que el ciudadano haga lo mismo con las leyes, y en segundo lugar, el golpe de gracia puede ser tan grande para la sanidad pública que, obligada por el déficit que esta subida produzca en el sector sanitario, “impulse” una segunda oleada de privatizaciones, algo también poco ético y menos profesional con la cantidad de dudas que existen acerca de la idoneidad de la gestión privada de la sanidad en estudios científicos de varias universidades de todo el mundo, así como un aumento de los cánones pagados a las empresas privatizadoras por contrato. Además, producirá menores beneficios para los profesionales privados dedicados al sector de servicios sanitarios, que repercutirá así mismo en las primas de seguros privados y en los precios finales de estos servicios.

En segundo lugar, un aumento de los impuestos medioambientales. Que sí, parece muy bonito, y yo estoy de acuerdo con la máxima de que “el que ensucia paga”. Pero no se puede pedir a microempresas y pequeñas empresas que, o bien inviertan un dinero que ahora mismo no tienen en no contaminar, o paguen un impuesto adicional por sus emisiones contaminantes. Además de que los impuestos mediambientales acaban siempre trasladándose al consumidor. Ejemplos los tenemos en el impuesto sobre gases fluorados de efecto invernadero, que ya se traslada a los consumidores cuando recargan un equipo de aire acondicionado.

Y en tercer lugar, un aumento de los impuestos especiales, como alcohol, tabaco, electricidad, gasolina, y otros derivados del petroleo. Si bien los impuestos especiales poseen un carácter disuasorio (disminuir el consumo) al menos en el caso de electricidad, gasolina y derivados del petroleo se produce un efecto negativo en el consumo de los sectores más desfavorecidos, ya que no pueden dejar de consumir dichos productos sin producirse una merma en su nivel de vida. Es decir, consumirán igual, pero para poder pagarlos, recortarán otros consumos.

Permanezcamos atentos a la siguiente reforma fiscal, pero tiene todos los visos de regresividad social que explico. Y permítanme la duda, pero no veo que estas actuaciones vayan a favorecer la recuperación socioeconómica que España necesita para volver a los niveles de bienestar de, al menos, 1995.

Autor: José Antonio Bravo Mateu

Observador inquieto. Comentarista irredento. Polemista. Me gusta que la gente se haga preguntas, debata, discuta, o lo que sea, con tal de que empiecen a preocuparse por lo que realmente influye en sus vidas y dejen de ser androides sociales para ser ciudadanos conscientes.

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