Sobre hijos de puta y otros creadores de opinión

 

Con mucho respeto, para el mayor hijo de puta que se ha sentado en la Real Academia de la Lengua Española.

En las redes sociales hay de todo. Hay gente que nos cuenta lo que come, hay gente que nos habla de su profesión y de lo bien que la hace, hay gente que observa y calla, hay gente que tiene necesidades y las expresa, y hay hijos de puta. Pero estadísticamente, el porcentaje de hijos de puta debe estar igualado, como en todos los lados. En un bar, en una reunión de escalera, entre el público de un acontecimiento deportivo, en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, en la Real Academia de la Lengua Española y hasta en la Santa Madre Iglesia y si me apuran en la Familia Real (no te escondas, Froilán), habrá un porcentaje de hijos de puta más o menos equivalente. La campana de Gauss tiene esos caprichos estadísticos y planta más o menos un porcentaje equivalente de hijos de puta en todos los colectivos humanos.

Diariamente tenemos que soportar nuestra cuota particular de hijos de puta con licencia para ofender: cada vez que abrimos un periódico, encendemos la radio o la televisión o nos paseamos por las redes sociales nos encontramos con el/la hijo/a de puta de turno (no discriminemos por género, que ellas son tan hijas de puta como ellos), ya sea de entre semana o de fin de semana, que se dedica, con unos giros de cabeza y unos estertores de trailer de “Exorcismo en Georgia 3” a soltar espumarajos por la boca y a decir lo hijo de puta que es fulano, lo cabrona que es mengana, lo maricón que es el otro, y lo mierdas que es el de la moto. Y encima cobrando.

Sin embargo, esos hijos e hijas de puta, que cuentan con el apoyo de grandes medios de comunicación, tanto privados como públicos, a pesar de no tener otra profesión que la de ser hijos e hijas de puta con carnet profesional, no son un peligro para el poder.

Pero ¡ay si otros hacen lo que ellos hacen! No sé si les mueve un celo corporativista (creo que es momento de crear el Colegio Oficial de Hijos de Puta de España), pero se ponen indignados, tanto ellos como los que les dan de comer, porque surgen pequeños hijos de puta que también se dedican a insultar desde las redes sociales. ¿Y encima lo hacen gratis! ¡Qué desfachatez! Estamos hablando de pequeños hijos de puta que pueden tener más o menos 500 seguidores en redes sociales, 1.000, o 10.000 el que más. Pero el hijo de puta profesional tiene audiencias de miles de personas, quien menos, y de millones de personas los que más. ¡Delito! claman estos hijos de puta que tienen “patente de corso” para insultar. ¡Controlemos las redes sociales, que estos hijos de puta no los subvencionamos y no son de los nuestros! se oye desde el Gobierno. Pues el Gobierno, tal y como dijo Jeffrey Kemp, ex-asesor de Ronald Reagan sobre Saddam Hussein, sabe que esos personajes que insultan desde tribunas privilegiadas son unos hijos de puta, pero son SUS hijos de puta.

Por tanto, si vamos a regular la actividad del hijo de puta, vamos a regular tanto la del hijo de puta profesional, como la del hijo de puta amateur y palo a diestro y siniestro, o mejor nos callamos la boca. ¿De acuerdo, hijos de puta?

 

Autor: José Antonio Bravo Mateu

Observador inquieto. Comentarista irredento. Polemista. Me gusta que la gente se haga preguntas, debata, discuta, o lo que sea, con tal de que empiecen a preocuparse por lo que realmente influye en sus vidas y dejen de ser androides sociales para ser ciudadanos conscientes.

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