Alberto Fabra como síntoma

Desde hace tiempo me rondaba por la cabeza crear un espacio en la red donde volcar mis opiniones personales. Los que me seguís en redes sociales (y los que no me seguís, no sé a qué esperáis para comprobarlo) sabéis que soy un espíritu crítico, siempre desde la mayor educación y el respeto que mi genio me permita, y que últimamente la prensa y los medios, salvo honrosas excepciones, está falta de voces que ahonden en casos que merezcan un análisis crítico de la situación y están más preocupados por sus accionistas y propietarios que por ser saetas que castiguen a aquellos que desde los poderes fácticos abusen de los ciudadanos. 

Ambos factores me han empujado a crear este espacio donde criticar, debatir, comentar y dedicar un tiempo a reflexionar dónde vivimos, cómo estamos, dónde queremos estar y qué podemos cambiar como ciudadanos para cambiar nuestro entorno. Por eso, no quiero que se limite únicamente a un monólogo, sino que me gustaría contar con vuestras valiosas opiniones para enriquecerlo.

Dicho ésto, comenzamos.

Por si alguien no se ha dado cuenta, en la Comunitat Valenciana tenemos un President interino. Y por la misma interinidad del cargo, le han dado carta blanca para zascandilear. Y voy a explicarlo para aquellos que no lo entiendan, o que sean foráneos y no sepan la secuencia de hechos.

Hace tres años, el entonces Molt Honorable don Francisco Camps Ortiz (conocido popularmente, es decir, entre los miembros de la cúpula del Partido Popular, como Paco Camps) se veía acuciado por unos problemillas con unos trajes y un cohecho impropio que no beneficiaba en nada al Partido Popular en su propósito de ganar las elecciones generales de noviembre. Así que la maquinaria pensante del PPCV buscó un candidato provisional que tuviera quietecitas a las familias políticas populares en tanto se ganaban las elecciones, España volvía a ir bien (para los de siempre) y se apaciguaban las aguas del Mar Rojo. Y salío el conejo de la chistera: el alcalde de Castellón, Alberto Fabra, un hombre de trayectoria gris y acostumbrado al “sí señor” a su mentor Carlos Fabra (con el que el único parentesco que les une es el poltronero) y que llevaba desde 1991 viviendo de la cosa pública gracias a su gran concepto de la obediencia debida y del palmerismo al jefe al que tan acostumbrado nos tienen muchos próceres de los grandes partidos políticos (y de algunos de los pequeños).

Hete aquí que Alberto, de golpe y porrazo, se vio investido de la máxima púrpura política valenciana. Y encima tenía cara de buen chico. Bueno, y cierto parecido con Amador Mohedano, ese hermano de Rocío Jurado famoso en el papel cuché por sus amantes y problemas de dinero, y al que Alberto le sigue atentamente en este aspecto, como luego veremos.

El “bon xic” (como empiezan a calificarle algunas personas del ámbito conservador valenciano) comienza con un cambio en maneras y formas: nombra un Consell semiprofesional, comienza una reestructuración económica de la Comunitat, reniega del gasto exacerbado pero sin señalar a los culpables -en plan “ha sido un señor que…”- y la gente lo ve con buenos ojos. Bueno, todos no.

Como todo el mundo sabe, es típico de cualquier nación civilizada que todo presidente de una nación con lengua propia hable dicha lengua. Sería ilógico que el “premier” británico no hablara inglés, que el presidente ruso no hablara ruso o que el Primer Ministro de Quebec no hablara francés. Pues Alberto Fabra ¡no sabe hablar en valenciano! Para hacérselo mirar, ¿no?

En esta interinidad, una de las grandes ideas que se le ocurre es la siguiente: “Como tenemos que ahorrar, hay que ir cerrando cosas. La Fórmula 1, Mundo Ilusión, la Ciudad de la Luz… y Radio Televisión Valenciana”. Claro, como él no habla valenciano, le da igual (o “se l’en fot” que decimos en Valencia). Es decir, de un plumazo se quita una institución con 25 años de historia que había conseguido lo que ningún político: vertebrar país y uniformizar la lengua, y unir a ciudadanos que pensaban de formas distintas, todo a través sus medios de comunicación. Es el socorrido truco de “si existe un problema, lo eliminamos”. Pero en este caso, el problema creció como un soufflé que estalló en la cara del Molt Honorable (familiarmente conocido como MoltHo, o con el nombre de un tubérculo que vino de América y no es la patata).

Como siempre, hay personajes antivalencianos y traidores tanto en la prensa como en la opinión pública, e incluso dentro del Partido Popular (!) que empiezan a ver cosas que pretenden destruir la buena imagen del interino de la Generalitat. De hecho, surge incluso una Garganta Profunda (estilo Watergate, no Linda Lovelace) que empieza a difundir rumores que socavan la buena imagen de Albertito el “bon xic”. Que si se ha traído a su supuesta amante (tampoco es Linda Lovelace sino Esther Pastor), al Palau de la Generalitat y la ha hecho secretaria autonómica solo por ser quien es, que si en el Palau tanto monta, monta tanto, Esther como Alberto, que si se gastan más de 2.000 euros al mes en comidas (de restauración, para precisarlo), que si facturas de Mercadona que firma la señorita Pastor…

Así que el interino ve, poco a poco, día a día, cómo pasa, inexorable, el tiempo, y cada vez hay más candidatos a su butacón, tanto dentro como fuera de su partido. ¿Volverá el señor Fabra a ejercer de arquitecto técnico (dudo que se acuerde después de 23 años sin ejercer) o bien lo colocará alguna empresa amiguita del alma en un consejo de administración para que pueda pagar los gastos que se le avecinan?

Autor: José Antonio Bravo Mateu

Observador inquieto. Comentarista irredento. Polemista. Me gusta que la gente se haga preguntas, debata, discuta, o lo que sea, con tal de que empiecen a preocuparse por lo que realmente influye en sus vidas y dejen de ser androides sociales para ser ciudadanos conscientes.

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